domingo, 10 de agosto de 2008
VIAJANDO POR TULUM
Tulum puede ser su base para conocer un sinfín de sitios arqueológicos y parques naturales en la región. No importa la edad, siempre se puede aprender algo y una importante puede ser viajar y disfrutar la soledad, conocernos a nosotros mismos y consentirnos. Bucear en las hermosas aguas cristalinas de la Riviera Maya y bucear en las profundidades de nuestros sentimientos, de nuestros pensamientos y descubrir la riqueza interna que somos capaces de generar.
Este verano elegí uno de los lugares más hermosos del planeta, y lo hice para enfrentar esa nostalgia que da cuando se viaja solo. Cualquier sentimiento de soledad se esfumó con el portentoso chocar de las olas y aprendí que en realidad nunca se está solo. Lo importante es la actitud y hacer tuyo el lugar donde estás. Saber estar ahí... sólo ahí y no en otro lugar. Ahora se que la gente está donde quiere estar. Además se que mi fortaleza que viene del mar.
Hay dos cosas que no me gusta hacer a solas, una es ir el fútbol y la otra viajar. Y no porque me provoque tristeza, al contrario. Sino porque son dos actividades cargas de emociones y me gusta compartirlas. Gritar con alguien un gol, al igual que comentar si el mole está delicioso o si la luna se ve esplendorosa sobre el mar es como un requisito para el disfrute total. Pero no siempre se puede estar acompañado, por la razón que sea, así que escribo estas líneas para compartir la experiencia de este viaje a uno de los mejores lugares del mundo: las playas de Tulum.
El buen ánimo se apoderó de mí al sentir el calorcito, justo bajando del avión. La ciudad actual de Tulum está localizada al sur de Cancún, co¬mo a una hora y media, y a 40 minutos de Playa del Carmen. Las ruinas están a pocos kilómetros antes. En el aeropuerto de Cancún renté un Jeep para irme directo a Tulum, ya que haciendo cuentas, me saldría más barato que tomar taxis y me daría la libertad de ir a otros lugares de la Riviera Maya, si así lo deseaba. En 40 minutos ya estaba en la pequeña ciudad de Tulum, donde hay uno que otro supermercado, estación de gasolina y lo más importante, en el primer semáforo a la izquierda, está el camino al paraíso.
No fue nada difícil encontrar el hotel que había reservado por Internet, Azulik. Desde que pones un pie fuera del auto, tocas la arena, incluso en el estacionamiento. A unos cuantos pasos estaba la recepción, una palapa fresca y solitaria, no como en los grandes hoteles donde es un ir y venir constante. Ahí comencé a relajarme. La bienvenida fue rápida y cálida. Me explicaron que tenía la posibilidad de deambular día y noche por todo el conjunto, que es un corredor entre la selva y el mar, son tres eco hoteles juntos y un spa. Y lo explico así porque más bien es un conjunto de cabañas con identidad propia, que más tarde comprobé. Me condujeron a mi cabaña frente al mar. ¡Espectacular! Lo primero que hice fue abrir la puerta de la terraza. Ahí estaba yo de pie y de cara a ese mar incomparable. Las olas reventaban en los pilares de mi cabaña con gran fuerza, al igual que el viento se agolpaba en mi cara llenándome de una extraña combinación de energía y tranquilidad. Apenas oía las indicaciones del chico que me ayudó con mis cosas. Por fin pude conectarme de nuevo y le escuché decir que no había luz ni teléfono, que si necesitaba algo, pusiera afuera una banderita roja, que me señaló. Ellos la verían (en Azulik no hay restaurante, pero el servicio a la habitación es sobresaliente). Le pregunté dónde podría entonces recargar la computadora portátil y el celular y me dijo que podía hacerlo en la recepción. Respiré una gran bocanada de aire, aunque tal vez ese sea mi próximo reto, ir solo y sin laptop, sin celular y hasta sin reloj...
Ya he estado en otras ocasiones por estas latitudes de la Riviera Maya, pero nunca hospedado en Tulum. Fue una sorpresa saber que podía disfrutar de estas playas con tanta historia, ya que muy cerca está la zona arqueológica, conocida en todo el mundo por su bien conservada muralla. Quizás el edificio más famoso es el Castillo, justo frente al mar; se cree que los mayas lo usaban como faro para embarcaciones que venían desde Cozumel. Otro digno de admirar es el Templo del Dios Descendente con figuras talladas en la fachada y murales en el interior. Al norte del Castillo se pueden visitar varias pequeñas estructuras llamadas Grupo Kukulcán, uno de los más importantes es el Templo del Dios del Viento, con base redonda. En fin, se ha hablado tanto de este mágico lugar donde se dice el sol toca primero la tierra, de la fuerza del mar chocando en el acantilado y de sus misteriosas construcciones, la mágica sensación de sentir que se recarga uno a cada lugar que se va, que se detiene uno a admirar el paisaje, las sorprendentes zonas arqueológicas, cargadas de un misticismo increíble. Todo esto lo golpea a uno en los cimientos, se contagia uno los elementos tierra, aire, agua, fuego y el quinto elemento; el vacio, el vacio interior. Aquí es no solo un lugar turístico más, yo diría es él lugar, así como la vieja ciudad de Jerusalem es mayor centro de energía, aquí también es uno de los más importantes. Pero lo mejor es vivirlo y percibir la energía que parece provenir de la fuerza de un mar caribeño lleno de misticismo, de éxtasis, de contemplación dejando volar la imaginación para ver a sus antiguos habitantes indígenas contándole las crónicas de sus códices mayas a Fray Diego de Landa y que pareciera circular desde hace siglos por las paredes de cada uno de los edificios.
La experiencia en uno de estos sencillos y perfectos complejos es inigualable. Durante el día, el luminoso sol invade toda la cabaña que tiene ventanales de piso a techo con vista al mar; de noche, la calidez e intimidad de las velas te invita a la meditación, a escuchar, a ver, durante horas, como nunca lo ha hecho. Estaba ahí, en el escenario romántico perfecto sin compañía. Así que aproveche el lugar el momento para darle rienda suelta a la imaginación y la creatividad y empezar el bosquejo de una nueva novela. Tras de escribir las primeras diez cuartillas me dispuse a bañarme en la tina de la terraza que parece estar suspendida entre los riscos, con la luna llena iluminando ese mar, acompañándome una buena copa de vino, fue una experiencia casi sublime. ¿Qué más podría necesitar con esa complacencia total y absoluta de la naturaleza? Una mujer…
Inicié el siguiente día con un poco de jogging en la playa, después caminé un poco para conocer los demás hoteles que están en este lugar privilegiado. El tramo de playa de dos kilómetros aproximadamente, tiene otros cuantos hoteles, También del mismo estilo, de cabañas y frescas palapas y todos muy ecológicos.
Después de nadar, tomar el sol un rato y almorzar, decidí darme una vuelta por Playa del Carmen, que está a unos 40 minutos. Este lugar ha atraído a muchos pintores, músicos, bailarines y poetas, por eso es el escenario favorito para quien busca diversión y nuevas cosas que ver. A lo largo de sus calles peatonales cercadas por tiendas de artesanías, se esconde una pequeña muestra de la creatividad internacional y mexicana. En la famosa Quinta Avenida hay un sinnúmero de restaurantes, al igual que a la orilla de la playa. Por cierto, me comentaron que esta ciudad reporta uno de los crecimientos más acelerados del mundo. Desde aquí se puede programar un viaje por ferry a Cozumel, la isla más grande de México y reconocida sede internacional de buceo.
Qué más puedes visitar; está el parque ecológico Aktun Chen, una reserva de creación reciente que tiene una extensión de 400 hectáreas en el que abunda el chicozapote o zapota, zapotillo, mamey-zapote, nisperillo, níspero de Nicaragua, sapota o zapo. Ocasionalmente se pueden ob¬servar algunos mamíferos silvestres como el venado cola blan-ca, el mono araña, el tejón, el jabalí y algunos pájaros propios de la selva tropical. Está a 107 km de Cancún y a 16 deTulum, sobre la misma carretera 307. Xel-Há se localiza en el corazón de la Riviera Maya, en el kilómetro 240 de la carretera a Chetumal, a 122 km ai sur de Cancún. Desde Tulum, el parque está a tan sólo 13 km.
Estuve recorriendo muy entretenido en las tiendas y comprando algunas palayeras, unas sandalias que me gustaron y collares para mis amigas. Luego me estacioné en un restaurante en la playa, donde tomé un par de copas mientras veía gente de todas las nacionalidades disfrutar de este destino. De regreso al hotel, un poco cansado, así que un masaje en el Maya Spa, era lo más apropiado lo cual me cayó de perlas. Me recibieron y la terapeuta llegó como un ángel, con una gran sonrisa me condujo a una palapa con un enorme pabellón apartada entre la selva. Así, entre velas, recibí el masaje más rico de toda mi vida (incluso mejor que los que tomé en la mismísima Tailandia). El sol ya había caído cuando salí del spa como un residenciado y caminé en el sendero de arena que une a Azulik con el maya, es un trayecto muy disfrutable, sobre todo de noche. Estaba tan relajado llegué a mi cabaña, dormí como nunca.
Una vez recargada la energía, el día siguiente me la pasé en la playa, donde hice algunas amistades interesantes. Comí con ellos en el restaurante de Cabañas Copal y luego nos apuntamos para el temazcal, donde intentamos ponernos en "equilibrio con el universo". No sé exactamente si me acerqué siquiera a lo que nos proponía el chamán, pero sí puedo decir que al salir de ahí, estuve en mi terraza observando el mar al menos una hora sin mover ni un dedo, en un estado de completa relajación, sin necesitar nada más. Después saqué la banderita roja, pedí de cenar, y mientras llegaba, como un ritual, me bañé en la tina interior con vista al mar y dispuse con especial cuidado la mesa, una forma de auto consentimiento que me hizo muy feliz. Ya era hora de que me vaya despidiendo de este mar y de esa luna hermosa. Me siento satisfecho de saber que todo fluyó, fácilmente y logré encontrar vetas creativas para escribir más historias y disfrutar mi soledad envuelta del mágico embrujo de Tulum.
sábado, 9 de agosto de 2008
LA RIVERA MAYA.
La Riviera Maya
YUCATAN
Erigida sobre las ruinas de una antigua ciudad maya llamada T'ho y considerada el centro del univer¬so en su cosmolo¬gía. Cuenta la leyenda que, en una época sin memoria, habitaba en el reino de las aves de la tierra maya un pájaro de plumaje brillante y colorido llamado Toh. Sin embargo, su fama lo volvió tan orgulloso como holgazán, por eso pasaba el día descansando en la selva, contando historias y enviando a otros pájaros a conseguirle alimento.
Un día, una gran tormenta amenazó la selva y todos los pájaros trabajaron unidos para superarla. Claro que el aristócrata Toh no quiso apoyarlos, y se escondió dentro de un cenote, dejando su cola afuera sin notarlo. Las aves iban y venían, cargando alimento y ramas para su refugio, pisando en ocasiones la cola del Toh. Cuando al fin pasó la tormenta y el Toh regresó con el resto a bien venir el sol, ubicándose en el sitio más alto para denotar su belleza, todos los pájaros comenzaron a reír de las dos largas varas desnudas que ahora tenía como cola. El Toh no soportó la humillación y se alejó; se internó en lo más profundo de la selva y habitó en los cenotes -1 para evitar a las otras aves desde entonces.
La tarde sucumbía ante la penumbra que antecede a la noche, el místico lugar rodeado de inmensas estalactitas y guarecido por enormes Ceibas - La Ceiba era considerado un árbol sagrado, según la cosmovisión de estos pueblos indígenas, La Ceiba o Yaaxché, como le llaman en el idioma maya, el universo está estructurado de tres planos, los cuales se comunican a través de la Ceiba sagrada - y árboles de Ramón, que los mayas lo útilizaban para alimentarse de su fruto una especie de nuez. No fue sino tras un mínimo instante que el cielo se cubrió de aves tornasolada llegando de la nada con insectos en el pico, abalanzándose al interior del cenote. Éste era el pájaro' regalaba un estampa perenne en aquella primera visita al estado de Yucatán, la insignia de un destino atiborrado de presupuestos, aunque mucho más abundante de lo que se suele ceder.
Merida en domingo
La muy noble y leal ciudad de Mérida es el epicentro de un estado donde las cosas cambian rápido y, simultáneamente, no lo hacen en lo absoluto. Puerta de entrada y base de descubrimiento excepcional, una fiesta continua se vive en las calles de su centro histórico.
Más allá de las bellas mansiones y museos que los Paseos Montejo y Colón presentan al visitante, están los secretos ocultos de su plaza principal. Las historias de sus cafeterías. De los túneles cavados por feligreses para que las monjas reclusas en uno y otro monasterio de la ciudad pudiesen andar de ida y vuelta a la catedral sin interactuar. El arte de sus guayaberas hechas casi con tantas piezas como estados en nuestra república mexicana. Cada una cumple su función, pero en su conjunto otorgan la experiencia más adecuada para dichas latitudes.
Mérida es tardes paseando en la plaza, comiendo una y otra cosa. Un helado de coco o una marquesita de queso de bola antes de sentarse en su restaurante Los Almendros a ver pasar el tiempo y deleitarse con sus tradiciones. Igual es casa de expatriados como de poetas, de arqueólogos subacuáticos e inmigrantes in¬dígenas. A todos nos acoge con sus casonas ensanchadas y sus calles estrechas y pedregosas. A todos, sin distinción, está tierra nos toca el corazón.
La urbe se reconoce fundada en 1542 por Francisco de Montejo sobre los restos de la que fue una orgullosa metrópoli conocida como T'ho. Los antiguos mayas la llamaron así, "El Sitio del Quinto Punto", por considerarla en su cosmología el centro mismo del universo. Allí, en el lugar donde las cuatro direcciones cardinales convergían, ahora lo hace el fecundo capitalismo. Donde se erigieran grandes templos mayas y palacios coloniales, hoy día toman su lugar restaurantes de comida internacional, hoteles y tiendas con productos de la región para no dejar de bien venir a propios y extraños a la Ciudad Blanca, un título que tanto trabajo le cuesta mantener a la cuadrilla de barrenderos que dedica la noche entera para consagrarlo.
Pueblos mágicos
A mitad de camino entre Mérida y Cancún se encuentra Valladolid, una de las joyas coloniales del estado. Inicialmente fue la ciudad maya de Zací, desarrollada alrededor del cenote homónimo, donde se llevaban a cabo importantes ceremonias mayas y hoy los jóvenes practican clavados como sus semejantes en La Quebrada acapulqueña. Pero en 1543 fue atacada por Francisco de Montejo y gobernada varios años después por su joven e inculto sobrino, quien encontró una reacia y orgullosa población maya. Por ello mandó edificar imponentes iglesias y conventos entre suntuosas calles empedradas y jardines, y así buscar la aceptación a través de la imposición.
El poblado de Valladolid es uno de los más orgu¬llosos del estado. Con magníficos monasterios, catedrales y ba¬rrios coloniales, .pero sobretodo e! recuerdo del pasado maya que aún vive entre sus calles y mercados. Además de una agradable comida uno puede descubrir sitios espectaculares como la iglesia de San Bernardino de Siena, erigida sobre un templo maya, y la catedral de San Gervasio, que ahora está rodeada de jardines y calles repletas de mercados de flores y artesanías. Claro que como el espíritu maya nunca decreció, aun cuando el joven Pizarra buscase sustituir instituciones dio paso a la confabulación de la "Guerra de las Castas" que restituyó el orgullo indígena en la región. Por ello, Valladolid es una experiencia única de encuentro con un pasado que afortunadamente no ha terminado de pasar.
De estos pueblo mágicos que dan a Yucatán sus historias particulares hay otro que siempre quise visitar. Allí, donde se encuentran los caminos, está Izamal, el pueblo de los sobrenombres. Y me refiero así de esta hermosa locación milenaria ya que es conocida como La Ciudad Amarilla por sus casonas y conventos de tal color, o también como El Pueblo de los Artistas por la gran cantidad de artistas expatriados, talleres y tenderos con artesanías regionales. No puedo dejar de mencionar que es conocida también como La Ciudad de las Tres Culturas, por la convergencia entre mayas, mestizos y españoles que se dio allí de manera casi armónica, y hasta como La Ciudad en las Colinas por inspiración maya, aunque la península dista mucho de tener siquiera un montículo lo suficientemente alto como para llamarle colina. Lo cierto es que, sin importar el título que ostente, la experiencia fue total y satisfactoria para cada predisposición.
Resulta agradable un paseo en calandria al igual que la visita del Convento de San Antonio de Padua, un sitio tan inmaculado que ameritó una visita papal en el año de 1983. También hallé diversas ruinas de templos mayas esparcidas en la localidad, y algunas de ellas como Kinich Kakmó aún denotan el esplendor arquitectónico de los habitantes originarios de la región.
Recuerdos del pasado
El primer sitio arqueológico de Yucatán que debe ser visitado es Chichén Itzá, epicentro del gran tablero maya de ciudades-estado sobre toda la península. Chichén ítzá es el recinto arqueo¬lógico más carac¬terístico y enig¬mático de México, un espacio sacro destinado a propi¬ciar la relación entre los dioses, la naturaleza y sus habitantes. Durante los equinoccios, las sombras que proyecta la estructura geométrica en la escalinata norte del templo de Kukulcán, en Chichén Itzá, hacen el efecto de una serpiente ondulante.
Otro sitio arqueológico glorioso es Uxmal. Que es parte de la llamada Ruta Puuc. Ésta es una sucesión de ciudades como Kabah, Labná Sayil y otras más que pueden visitarse en uno o dos días. Sin embargo Uxmal, la "tres veces construida", es uno de los sitio más bellos del país. Llegó a ser capital durante el Clásico tardío, pues albergó a más de 25 mil habitantes, y denota la maestría decorativa que alcanzaron los mayas antes de su declive. Su estructura predilecta es La Pirámide del Mago y de acuerdo con la leyenda, el templo de 35 metros de altura fue construido en una sola noche por los chaneques. El gobernante de Uxmal tomó la leyenda como un reto, y se dedicó a erigir edificios en torno para rivalizar con su belleza. Uno de ellos es la Gran Pirámide, culminada con el templo de los pe¬ricos y el trono del dios de la lluvia Chac. De su cima se aprecian las más hermosas vistas de la ciudad sumergida en el verdor de la selva, con plazas y palacios como el del Gobernador, construido en tres etapas desde el 1000 a.c, que es considerado el más fino ejemplo arquitectónico de las culturas prehispánicas en todo Mesoamérica.
YUCATAN
Erigida sobre las ruinas de una antigua ciudad maya llamada T'ho y considerada el centro del univer¬so en su cosmolo¬gía. Cuenta la leyenda que, en una época sin memoria, habitaba en el reino de las aves de la tierra maya un pájaro de plumaje brillante y colorido llamado Toh. Sin embargo, su fama lo volvió tan orgulloso como holgazán, por eso pasaba el día descansando en la selva, contando historias y enviando a otros pájaros a conseguirle alimento.
Un día, una gran tormenta amenazó la selva y todos los pájaros trabajaron unidos para superarla. Claro que el aristócrata Toh no quiso apoyarlos, y se escondió dentro de un cenote, dejando su cola afuera sin notarlo. Las aves iban y venían, cargando alimento y ramas para su refugio, pisando en ocasiones la cola del Toh. Cuando al fin pasó la tormenta y el Toh regresó con el resto a bien venir el sol, ubicándose en el sitio más alto para denotar su belleza, todos los pájaros comenzaron a reír de las dos largas varas desnudas que ahora tenía como cola. El Toh no soportó la humillación y se alejó; se internó en lo más profundo de la selva y habitó en los cenotes -1 para evitar a las otras aves desde entonces.
La tarde sucumbía ante la penumbra que antecede a la noche, el místico lugar rodeado de inmensas estalactitas y guarecido por enormes Ceibas - La Ceiba era considerado un árbol sagrado, según la cosmovisión de estos pueblos indígenas, La Ceiba o Yaaxché, como le llaman en el idioma maya, el universo está estructurado de tres planos, los cuales se comunican a través de la Ceiba sagrada - y árboles de Ramón, que los mayas lo útilizaban para alimentarse de su fruto una especie de nuez. No fue sino tras un mínimo instante que el cielo se cubrió de aves tornasolada llegando de la nada con insectos en el pico, abalanzándose al interior del cenote. Éste era el pájaro' regalaba un estampa perenne en aquella primera visita al estado de Yucatán, la insignia de un destino atiborrado de presupuestos, aunque mucho más abundante de lo que se suele ceder.
Merida en domingo
La muy noble y leal ciudad de Mérida es el epicentro de un estado donde las cosas cambian rápido y, simultáneamente, no lo hacen en lo absoluto. Puerta de entrada y base de descubrimiento excepcional, una fiesta continua se vive en las calles de su centro histórico.
Más allá de las bellas mansiones y museos que los Paseos Montejo y Colón presentan al visitante, están los secretos ocultos de su plaza principal. Las historias de sus cafeterías. De los túneles cavados por feligreses para que las monjas reclusas en uno y otro monasterio de la ciudad pudiesen andar de ida y vuelta a la catedral sin interactuar. El arte de sus guayaberas hechas casi con tantas piezas como estados en nuestra república mexicana. Cada una cumple su función, pero en su conjunto otorgan la experiencia más adecuada para dichas latitudes.
Mérida es tardes paseando en la plaza, comiendo una y otra cosa. Un helado de coco o una marquesita de queso de bola antes de sentarse en su restaurante Los Almendros a ver pasar el tiempo y deleitarse con sus tradiciones. Igual es casa de expatriados como de poetas, de arqueólogos subacuáticos e inmigrantes in¬dígenas. A todos nos acoge con sus casonas ensanchadas y sus calles estrechas y pedregosas. A todos, sin distinción, está tierra nos toca el corazón.
La urbe se reconoce fundada en 1542 por Francisco de Montejo sobre los restos de la que fue una orgullosa metrópoli conocida como T'ho. Los antiguos mayas la llamaron así, "El Sitio del Quinto Punto", por considerarla en su cosmología el centro mismo del universo. Allí, en el lugar donde las cuatro direcciones cardinales convergían, ahora lo hace el fecundo capitalismo. Donde se erigieran grandes templos mayas y palacios coloniales, hoy día toman su lugar restaurantes de comida internacional, hoteles y tiendas con productos de la región para no dejar de bien venir a propios y extraños a la Ciudad Blanca, un título que tanto trabajo le cuesta mantener a la cuadrilla de barrenderos que dedica la noche entera para consagrarlo.
Pueblos mágicos
A mitad de camino entre Mérida y Cancún se encuentra Valladolid, una de las joyas coloniales del estado. Inicialmente fue la ciudad maya de Zací, desarrollada alrededor del cenote homónimo, donde se llevaban a cabo importantes ceremonias mayas y hoy los jóvenes practican clavados como sus semejantes en La Quebrada acapulqueña. Pero en 1543 fue atacada por Francisco de Montejo y gobernada varios años después por su joven e inculto sobrino, quien encontró una reacia y orgullosa población maya. Por ello mandó edificar imponentes iglesias y conventos entre suntuosas calles empedradas y jardines, y así buscar la aceptación a través de la imposición.
El poblado de Valladolid es uno de los más orgu¬llosos del estado. Con magníficos monasterios, catedrales y ba¬rrios coloniales, .pero sobretodo e! recuerdo del pasado maya que aún vive entre sus calles y mercados. Además de una agradable comida uno puede descubrir sitios espectaculares como la iglesia de San Bernardino de Siena, erigida sobre un templo maya, y la catedral de San Gervasio, que ahora está rodeada de jardines y calles repletas de mercados de flores y artesanías. Claro que como el espíritu maya nunca decreció, aun cuando el joven Pizarra buscase sustituir instituciones dio paso a la confabulación de la "Guerra de las Castas" que restituyó el orgullo indígena en la región. Por ello, Valladolid es una experiencia única de encuentro con un pasado que afortunadamente no ha terminado de pasar.
De estos pueblo mágicos que dan a Yucatán sus historias particulares hay otro que siempre quise visitar. Allí, donde se encuentran los caminos, está Izamal, el pueblo de los sobrenombres. Y me refiero así de esta hermosa locación milenaria ya que es conocida como La Ciudad Amarilla por sus casonas y conventos de tal color, o también como El Pueblo de los Artistas por la gran cantidad de artistas expatriados, talleres y tenderos con artesanías regionales. No puedo dejar de mencionar que es conocida también como La Ciudad de las Tres Culturas, por la convergencia entre mayas, mestizos y españoles que se dio allí de manera casi armónica, y hasta como La Ciudad en las Colinas por inspiración maya, aunque la península dista mucho de tener siquiera un montículo lo suficientemente alto como para llamarle colina. Lo cierto es que, sin importar el título que ostente, la experiencia fue total y satisfactoria para cada predisposición.
Resulta agradable un paseo en calandria al igual que la visita del Convento de San Antonio de Padua, un sitio tan inmaculado que ameritó una visita papal en el año de 1983. También hallé diversas ruinas de templos mayas esparcidas en la localidad, y algunas de ellas como Kinich Kakmó aún denotan el esplendor arquitectónico de los habitantes originarios de la región.
Recuerdos del pasado
El primer sitio arqueológico de Yucatán que debe ser visitado es Chichén Itzá, epicentro del gran tablero maya de ciudades-estado sobre toda la península. Chichén ítzá es el recinto arqueo¬lógico más carac¬terístico y enig¬mático de México, un espacio sacro destinado a propi¬ciar la relación entre los dioses, la naturaleza y sus habitantes. Durante los equinoccios, las sombras que proyecta la estructura geométrica en la escalinata norte del templo de Kukulcán, en Chichén Itzá, hacen el efecto de una serpiente ondulante.
Otro sitio arqueológico glorioso es Uxmal. Que es parte de la llamada Ruta Puuc. Ésta es una sucesión de ciudades como Kabah, Labná Sayil y otras más que pueden visitarse en uno o dos días. Sin embargo Uxmal, la "tres veces construida", es uno de los sitio más bellos del país. Llegó a ser capital durante el Clásico tardío, pues albergó a más de 25 mil habitantes, y denota la maestría decorativa que alcanzaron los mayas antes de su declive. Su estructura predilecta es La Pirámide del Mago y de acuerdo con la leyenda, el templo de 35 metros de altura fue construido en una sola noche por los chaneques. El gobernante de Uxmal tomó la leyenda como un reto, y se dedicó a erigir edificios en torno para rivalizar con su belleza. Uno de ellos es la Gran Pirámide, culminada con el templo de los pe¬ricos y el trono del dios de la lluvia Chac. De su cima se aprecian las más hermosas vistas de la ciudad sumergida en el verdor de la selva, con plazas y palacios como el del Gobernador, construido en tres etapas desde el 1000 a.c, que es considerado el más fino ejemplo arquitectónico de las culturas prehispánicas en todo Mesoamérica.
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